Por dentro

Subes y bajas y unos remolinos te recorren por dentro.
Calibras todos los instrumentos que guían las miradas a lo eterno, a lo impoluto, a lo más efímero y tierno.
Cabalgan por tus posesiones unos caballos negros, ansiosos por salir y llegar a la meta que les propusieron una tarde de invierno.
Se cruzan con blancos corceles, formando en ti un maremagnum, de piezas que colisionan en un encuentro.
El de la luna y el viento besándose como si se acabara el tiempo, temblando en verano y no en invierno.
Si la fuerza te invade y se regula sin escaparse al cielo, vuelven a besarse el viento y la luna y los caballos ahora grises galopan por dentro.

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